lunes, 1 de marzo de 2010

El terremoto en Chile, 27 de febrero de 2010


Uno de los terremotos más fuertes en los últimos 30 años, llegando a 8.8 en la escala de Richter, con replicas que llegaron a los 6.9 y una duración de 90 segundos, si parecía eterno, sentíamos que esto no iba a acabar. La atmosfera era de terror, desconcierto, pánico y otras tantas cosas. Tu vez a tu familia dentro de tu casa y se supone que es ahí donde los resguardas de los ladrones, mal intencionados, envidiosos, es ahí donde te sientes protegido. Pero cuando sucede algo así, donde la fuerza de la naturaleza te azota, se viene contra ti, te sientes vulnerable, no sabes si salir de tu morada o quedarte adentro.
Me recuerdo que subí corriendo al segundo piso donde estaban mis hijos y mi esposa detrás de mí con el mismo desespero, yo agarre a los más chicos y ella despertó a los mayores y no pudimos bajar, nos quedamos abrazados, indefensos, solo orando con todo nuestro corazón a Dios, de hecho como lo hacemos siempre, pero ahora con un sentido de urgencia. No podíamos bajar, esos tres minutos eran eternos, la casa parecía de cartón y el ruido era como extraído de una película de Steven Spielberg, decíamos en nuestros corazones a qué hora se cae esta casa y nosotros arriba de los escombros, y al miso tiempo, ayuda nuestra incredulidad.
Cuando te compras una casa, confías 100 por ciento en la fidelidad de la constructora, no crees que esos hombres, que te están ayudando de cierta forma a realizar el sueño de todo hombre y de toda mujer, el sueño de la casa propia, te vayan a engañar. A pesar que la casa en que estábamos era arrendada, de cualquier forma, el poder privado y el servicio público demostraron su gran corrupción. Viviendas en mal estado, lejos de las normas isso, si parece que ni saben que es eso, ellos juran que se come y los fiscalizadores deben de haber recibido alguna prebenda por la firma de aprobación, mientras tanto nosotros orando ¡afirma esta casa! O mejor dicho no tomes en cuenta la maldad de estos corruptos.
Después que todo se calmo, se escuchaban los lloros, gritos de pánico de los vecinos. Salí corriendo en pijama y pies descalzo, ofreciendo ayuda, gracias a Dios todos estaban bien, ninguna casa cayo, ningún muerto, ningún accidentado, solo pánico, entonces me pare en medio de la calle y gritando hice una oración para pedir a Dios paz, ¡sí!, paz para mis vecinos y tranquilidad, ¡danos confianza en ti Señor!, grite con un fuerte ¡en el Nombre de Nuestro Señor Jesucristo!, a continuación se escucharon ¡gracias vecino! ¡Lo necesitamos!, para mí era un amen.
Que es esto, es debilidad, es impotencia, es dejarse caer en las manos del todopoderoso Dios, que tanto critican los agnósticos y ateos, pero que en una hora de esta, hasta se acuerdan de Él.
Después de esto las replicas, que eran terremotos más suaves de 6.9, pero que es un 6.9 para los que habían soportado estoicamente un 8.8. Grande es Dios, grande es Dios, y otra vez lo digo grande es Dios, para darnos entereza y fortaleza, tranquilidad en medio de la adversidad, si es ahí, en el momento de la crisis que se revela lo que hay dentro de nosotros, en quien confiamos, en esos momentos no te sirven los años de teología, el don que solo se manifiesta dentro del templo, esa moralidad alienante, esa espiritualidad a prueba de nada, esa oración de laboratorio, argumentos de la existencia divina. Solo sirve una cosa, la fe en su verdad.
Como dice Jesús en Juan 7:6, cuando le habla a sus hermanos; Mi tiempo aún no ha llegado, mas vuestro tiempo siempre está presto. El tiempo de Jesús no había llegado, él no puede manifestarse en cualquier momento, sino hasta que su Padre lo diga, si para manifestarse necesita un tiempo establecido, imagínese para partir a la gloria que tenia con el Padre antes que estuviera en la tierra, entendemos que el propósito de Dios lo hace inmortal. Pero sus hermanos no, “…mas vuestro tiempo siempre está presto.” En cualquier momento pueden partir de esta tierra, en cualquier momento pueden ir a la fiesta. Pablo dijo en 2 Tm 4:6, “…el tiempo de mi partida está cercano.” Dios no necesita un terremoto para llevarte, el lo puede hacer contigo en cualquier momento, con un resfriado, una caída, un paro cardíaco, un susto y claro también un terremoto, pero ese no es el asunto, el asunto es el propósito eterno de Dios contigo.
Tenemos inmortalidad, no porque somos simpáticos, tampoco porque hablamos en lengua, ni porque expulsamos demonios, sino porque somos personas que tienen una misión, y nuestra misión está conectada con el propósito eterno de Dios. Él quiere que confiemos en él. Los discípulos no podían morir en la tempestad, ya que Jesús les había dicho, vayan al otro lado, ósea, estaba trazado el lugar donde iban a llegar, con o sin tempestad.
Volviendo al terremoto, es verdad, nos asustamos con la fuerza de la naturaleza embravecida, pero al mismo tiempo confiamos en su Palabra revelada. Somos débiles, pero en Cristo nos llenamos de fortaleza, tenemos fe en lo que él ha dicho, sabemos que lo cumplirá.
Mantengamos firme en la profesión a la cual hemos sido llamados.
Dios nos ilumine y nos afirme
Pr Álvaro Retes
Iglesia Cristiana La Roca
Rancagua - Chile

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