Como dice la conocida canción, “Cambia todo cambia, cambia lo superficial, cambia también lo profundo, cambio el modo de pensar, cambia todo en este mundo….” Hoy estamos en tiempos de grandes metamorfosis; la sociedad, el clima, la tecnología, los valores, la política, la familia, incluyendo da fe, que ya en tiempos antiguos fue forjadora de rumbos y orientadora de destinos.
Pero siento mas que nunca, sin vestirme del ropaje del profeta que augura tiempos malos, que la Iglesia necesita un retoque, no en su doctrina, sino mas bien en su gobierno, en su liturgia y en su expresión al mundo.
Necesitamos cambios que borren el desfase que existe entre nosotros y este mundo, ya que hemos dejado de ser vanguardistas, en una expresión más moderna y si a usted le parece mejor, hemos dejado nuestro carácter profético. Hemos dejado de incomodar, nos tornamos acomodados.
Siempre que la iglesia comenzó a caminar en una senda peligrosa, aproximándose al sistema enfermizo que debía denunciar, se levantaron fuertes movimientos contrarios. Cuando roma parecía que estaba en venta y el clero católico se enredo con el poder de los reyes, nacieron las órdenes monásticas. Cuando Tetzel vendió indulgencias, prometiendo menos sufrimiento en el purgatorio a cambio de algunas monedas, Lutero protesto. Cuando la Iglesia protestante se institucionalizo y perdió relevancia, surgieron los anabaptistas, proponiendo la separación radical de la iglesia y el estado. Cuando la rigidez teológica intentaba sofocar la acción de Dios, los pentecostales se levantaron mostrando que él actúa como quiere y no respeta las sistematizaciones humanas.
Me gustaría gritarlo desde este portal, necesitamos un AVIVAMIENTO GENUINO, como dijera Jesús en su evangelio: “Lo que os digo en tinieblas, decidlo en la luz; y lo que oís al oído, proclamadlo desde las azoteas.” (Mt. 10.27).
Proclamemos con genuino valor y osadía, no nos dejemos engañar por líderes que nos llevan como ovejas al matadero, a las manos engañosas que ven a nuestro pueblo como un número significativo en las votaciones.
Muchos nos ven como un mercado emergente, donde con el disfraz de evangélicos o cristianos, se acercan a nosotros como los cambistas dentro del templo, no mis hermanos, somos la única voz profética que puede denunciar y decir “a si dice el Señor”. Tenemos la responsabilidad y el deber de vivir, de creer y de anunciar a Jesucristo como nuestro Señor y Dios.
Debemos tomar lo que dijera Coco Legran, hace unos días en televisión, “no puedo casarme con nadie”, nosotros no somos ni de la derecha, ni de la izquierda, menos del centro, por que a los tibios los vomita Dios. Nuestra ciudadanía no es de aquí, como dijera Jesucristo delante de Pilatos.
No nos identificamos con los robos, ni con la mentira, ni con la injusticia social, ni con el aborto, ni con el consenso hegeliano. Nos identificamos con la verdad de Cristo, con la justicia de Dios.
No podemos caer en la reivindicación evangélica, que muchos de nuestros líderes proclaman en nuestros Tedeums. Contando siempre la misma historia, que somos los que ayudamos a los drogadictos y prostitutas, haciendo creer que el evangelio de los evangélicos es solo para ellos.
Nuestra generación será forjadora de futuro, directora en las decisiones trascendentales, proclamadora incansable de la verdad de Dios.
Hoy frente a ustedes estoy como Martin Luter King, que proclama un inspirado discurso, titulado “I Have a Dream” (Tengo un sueño), predicado el 28 de agosto de 1963, con ocasión de la marcha sobre Washington (para celebrar el primer centenario de la proclamación de la emancipación de 1863, hecha efectiva 1865 al concluir la guerra civil), el joven líder y pastor, se expresaba así ante una muchedumbre de 250.000 personas: “Tengo un sueño. Y es un sueño arraigado en el sueño americano: Un día esta nación se levantara para vivir según el sentido de su credo. Nosotros afirmamos estas verdades evidentes en sí mismas: que todos los hombres han sido creados iguales, etc.
Cual es nuestro sueño generacional. Fosilizar nuestra conciencia, silenciar nuestra voz, acallar nuestro discurso y convertirnos en gente que frente a la tv menea la cabeza, impotente de no poder hacer nada.
No mis queridos jóvenes, nos tomaremos las universidades, las artes, la economía y viviremos el evangelio de Cristo a concho.
Juntaremos a los candidatos presidenciales en el estadio nacional y les haremos preguntas con relación a sus proyectos y tendencias morales y entonces habremos logrado más que un día feriado evangélico. Nos tornaremos numéricamente relevantes.
No necesitamos un presidente evangélico, necesitamos gente de Dios, llena de Dios, para los cuales los fines condicionan los medios.
No necesitamos que el estado nos de galardones, terrenos, techos, sillas, micrófonos, no necesitamos que nos aplaudan, que nos recuerden lo que hemos hecho en la historia. Queremos que se arrepientan, que se vuelvan a Dios, con un corazón humillado y contrito.
No queremos que hagan diferencias con nosotros, que nos traten mejor que a los católicos o testigos de Jehová. Si no, que se vuelvan a Dios.
No queremos un nuevo Jorch Buch en Latino América, queremos gente temerosa de Dios y a su Palabra, que legislen bajo los tradicionales conceptos de la ética y la moral bíblica, que además es la más segura. Queremos que la politiquería que hoy nos abruma día a día, con aspirinas y soluciones a corto plazo, se conviertan del fatídico deseo de poder, al servicio.
Nos cansaron las facturas falsas, las empresas de políticos que lucran en sus cargos públicos, la corrupción de los representantes del deporte, religiosos y políticos pedófilos, derechos humanos que se abren al aborto, adinerados que compran a la justicia, hombres presos por que roban gallinas y ladrones del fisco que roban millones sueltos.
Oremos por verdaderos cambios, por cambios radicales en nuestra fosilizada estructura mental. Oremos para que su presencia genere cambios en nosotros y en nuestro tiempo.
Oremos para convertirnos en agentes del cambio y referentes en una sociedad sin referentes
Álvaro Retes
Pastor
Soli Dei Gloria
Pero siento mas que nunca, sin vestirme del ropaje del profeta que augura tiempos malos, que la Iglesia necesita un retoque, no en su doctrina, sino mas bien en su gobierno, en su liturgia y en su expresión al mundo.
Necesitamos cambios que borren el desfase que existe entre nosotros y este mundo, ya que hemos dejado de ser vanguardistas, en una expresión más moderna y si a usted le parece mejor, hemos dejado nuestro carácter profético. Hemos dejado de incomodar, nos tornamos acomodados.
Siempre que la iglesia comenzó a caminar en una senda peligrosa, aproximándose al sistema enfermizo que debía denunciar, se levantaron fuertes movimientos contrarios. Cuando roma parecía que estaba en venta y el clero católico se enredo con el poder de los reyes, nacieron las órdenes monásticas. Cuando Tetzel vendió indulgencias, prometiendo menos sufrimiento en el purgatorio a cambio de algunas monedas, Lutero protesto. Cuando la Iglesia protestante se institucionalizo y perdió relevancia, surgieron los anabaptistas, proponiendo la separación radical de la iglesia y el estado. Cuando la rigidez teológica intentaba sofocar la acción de Dios, los pentecostales se levantaron mostrando que él actúa como quiere y no respeta las sistematizaciones humanas.
Me gustaría gritarlo desde este portal, necesitamos un AVIVAMIENTO GENUINO, como dijera Jesús en su evangelio: “Lo que os digo en tinieblas, decidlo en la luz; y lo que oís al oído, proclamadlo desde las azoteas.” (Mt. 10.27).
Proclamemos con genuino valor y osadía, no nos dejemos engañar por líderes que nos llevan como ovejas al matadero, a las manos engañosas que ven a nuestro pueblo como un número significativo en las votaciones.
Muchos nos ven como un mercado emergente, donde con el disfraz de evangélicos o cristianos, se acercan a nosotros como los cambistas dentro del templo, no mis hermanos, somos la única voz profética que puede denunciar y decir “a si dice el Señor”. Tenemos la responsabilidad y el deber de vivir, de creer y de anunciar a Jesucristo como nuestro Señor y Dios.
Debemos tomar lo que dijera Coco Legran, hace unos días en televisión, “no puedo casarme con nadie”, nosotros no somos ni de la derecha, ni de la izquierda, menos del centro, por que a los tibios los vomita Dios. Nuestra ciudadanía no es de aquí, como dijera Jesucristo delante de Pilatos.
No nos identificamos con los robos, ni con la mentira, ni con la injusticia social, ni con el aborto, ni con el consenso hegeliano. Nos identificamos con la verdad de Cristo, con la justicia de Dios.
No podemos caer en la reivindicación evangélica, que muchos de nuestros líderes proclaman en nuestros Tedeums. Contando siempre la misma historia, que somos los que ayudamos a los drogadictos y prostitutas, haciendo creer que el evangelio de los evangélicos es solo para ellos.
Nuestra generación será forjadora de futuro, directora en las decisiones trascendentales, proclamadora incansable de la verdad de Dios.
Hoy frente a ustedes estoy como Martin Luter King, que proclama un inspirado discurso, titulado “I Have a Dream” (Tengo un sueño), predicado el 28 de agosto de 1963, con ocasión de la marcha sobre Washington (para celebrar el primer centenario de la proclamación de la emancipación de 1863, hecha efectiva 1865 al concluir la guerra civil), el joven líder y pastor, se expresaba así ante una muchedumbre de 250.000 personas: “Tengo un sueño. Y es un sueño arraigado en el sueño americano: Un día esta nación se levantara para vivir según el sentido de su credo. Nosotros afirmamos estas verdades evidentes en sí mismas: que todos los hombres han sido creados iguales, etc.
Cual es nuestro sueño generacional. Fosilizar nuestra conciencia, silenciar nuestra voz, acallar nuestro discurso y convertirnos en gente que frente a la tv menea la cabeza, impotente de no poder hacer nada.
No mis queridos jóvenes, nos tomaremos las universidades, las artes, la economía y viviremos el evangelio de Cristo a concho.
Juntaremos a los candidatos presidenciales en el estadio nacional y les haremos preguntas con relación a sus proyectos y tendencias morales y entonces habremos logrado más que un día feriado evangélico. Nos tornaremos numéricamente relevantes.
No necesitamos un presidente evangélico, necesitamos gente de Dios, llena de Dios, para los cuales los fines condicionan los medios.
No necesitamos que el estado nos de galardones, terrenos, techos, sillas, micrófonos, no necesitamos que nos aplaudan, que nos recuerden lo que hemos hecho en la historia. Queremos que se arrepientan, que se vuelvan a Dios, con un corazón humillado y contrito.
No queremos que hagan diferencias con nosotros, que nos traten mejor que a los católicos o testigos de Jehová. Si no, que se vuelvan a Dios.
No queremos un nuevo Jorch Buch en Latino América, queremos gente temerosa de Dios y a su Palabra, que legislen bajo los tradicionales conceptos de la ética y la moral bíblica, que además es la más segura. Queremos que la politiquería que hoy nos abruma día a día, con aspirinas y soluciones a corto plazo, se conviertan del fatídico deseo de poder, al servicio.
Nos cansaron las facturas falsas, las empresas de políticos que lucran en sus cargos públicos, la corrupción de los representantes del deporte, religiosos y políticos pedófilos, derechos humanos que se abren al aborto, adinerados que compran a la justicia, hombres presos por que roban gallinas y ladrones del fisco que roban millones sueltos.
Oremos por verdaderos cambios, por cambios radicales en nuestra fosilizada estructura mental. Oremos para que su presencia genere cambios en nosotros y en nuestro tiempo.
Oremos para convertirnos en agentes del cambio y referentes en una sociedad sin referentes
Álvaro Retes
Pastor
Soli Dei Gloria
1 comentario:
Creo firmemente, que como civilización, hemos avanzado muy poco. La tecnología creciente, por una parte, nos ha disminuido nuestra capacidad pensante e intuitiva como ser humano. Cada vez es más, el número de gente que obra y piensa como un rebaño más que como ser humano, con capacidad para dicernir. Por otro lado, es necesario destacar que también hay un número importante de persnas que está abriendo los ojos, que se dan cuenta que con sólo una persona que haga el cambio, es un cambio importante y muchas personas se han volcado al lado espiritual de la vida. Creo firmemente, tambièn, que vivimos tiempos de cambios y en el Universo hay algo que se está cocinando de hace mucho tiempo.
Creo que estamos ante una nueva era en la que quien es más sabio, sabiduría buscará más; mientras que el que está en el fango, más fango buscará.
Es bueno analizarnos, y ver cómo estamos reaccionando ante el poder la sociedad, lo desestimamos cuando en realidad, es un poder que tiene un efecto grande en el ser humano.
Al aferrarse al pirncipio único del Creador, a los valores que debiésemos haber tomado hace mucho tiempo, el amor, respeto, paz entre nosotros, haría una gran diferencia y los líderes quienes se dicen representar al pueblo y que sólo representan los valores de una mínima Elite, las instituciones bancarias y grandes corporaciones que no hacen más que jugar con la gente , y por otro lado, la misma gente, pareciese estar dormida, y llevada sólo por emocones banales.
Es tiempo de despertar y volcarse hacia la esencia de lo real, de Dios y del espíritu. Somos más que carne y hueseo; somos energía y esa energía que somos, la llevamos dondequier. Es tiempo de ENTENDER, de DARSE CUENTA, qué lo más vulnerable son los niños y adolescentes. Es a ellos, a quienes se les toma como blanco para apuntar lo que quieren que pensemos. Si corrompes a un niño, a un adolescente, como como empezar a dañar un árbol desde sus comienzos. No nos damos cuenta que todo lo creado por Dios está interconectado.
Espero que despertemos y que nos demos cuenta, que hemos sido creado con una abilidad inmensa, como dice la Biblia, capaz , llámesele fé, de mover montañas. Debemos darnos cuenta del gran potencial como seres humanos, tenemos...Ese ha sido el grandioso y maravilloso regalo de nuestro Dios.
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